En el marco de la conmemoración del Día del Libro y del Derecho de Autor, que se celebra cada 23 de abril, la Comisión Asesora de Bibliotecas (CABID) del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas continúa desarrollando durante abril su campaña de recomendaciones lectoras, con la participación de las universidades que integran esta red.
La 11ª recomendación corresponde a la Universidad de La Frontera, a través de Mario Fabregat Peredo, académico del Departamento de Ciencias Sociales, quien invita a leer La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo, del filósofo Gilles Lipovetsky.
En su comentario, Mario Fabregat destaca la vigencia de esta obra al abordar las violencias presentes en las sociedades occidentales, tanto aquellas impuestas por estructuras estatales y económicas como las que surgen desde las propias subjetividades. Desde esta mirada, el libro se presenta como una reflexión crítica sobre un presente marcado por el individualismo, la autosatisfacción hedonista y una sensación de vacío que atraviesa la experiencia contemporánea.
La recomendación releva además cómo Lipovetsky analiza fenómenos como la prohibición social del duelo, la exigencia de productividad permanente y la negación cultural de la infelicidad, elementos que permiten pensar la vida moderna desde sus tensiones más profundas. A ello se suma una lectura crítica sobre la crisis de la democracia, el predominio del espectáculo y la pérdida de sentido de los grandes relatos que marcaron la cultura occidental.
Con esta nueva entrega, CABID continúa promoviendo la lectura desde las bibliotecas universitarias chilenas, compartiendo obras que invitan a la reflexión filosófica, al análisis social y a una comprensión más profunda de los desafíos del mundo contemporáneo.
Recomendación completa
“El libro adquiere actualidad al plantear las violencias presentes en las sociedades occidentales, violencias impuestas desde los aparatos estatales, el capital internacional, pero también desde las propias subjetividades, muchas veces encerradas en un horizonte fatalista y distópico, aunque atractivo y seductor por el espacio de libertad entregado por un presente que puede albergar y tolerar grados cada vez más altos de auto-satisfacción hedonista. A este espacio, aparentemente de libertad, apela Lipovetsky para imaginar el vacío que requiere ser llenado con un contenido que muchas veces nace diluido o disuelto. Si el sentido es lo que da contenido a la existencia humana, el vacío representa lo contrario, por lo tanto, la era del vacío sería la de un tiempo histórico acaecido en un eterno presente ausente.
Entre los ejemplos que el autor incorpora para referirse a la violencia subjetiva, entendida como violencia privada, menciona la prohibición del duelo ante la muerte de un ser querido. No es sólo el requerimiento productivo que requiere al individuo de vuelta a su trabajo después de una pérdida, es la objeción a cualquier indicio de infelicidad. Es la obligatoriedad cultural y performática que socialmente reivindica los pergaminos de una supuesta sociedad moderna que ha cumplido la promesa del progreso material y espiritual.
De alguna manera Lipovetsky describe y denuncia la crisis de la democracia y el predominio de un mundo pop, enfriado para los grandes relatos ideológicos, recalentado para el espectáculo y con riesgo de caer en el vacío de la intrascendencia.
En definitiva, este libro encuentra su espacio, no vacío, en las discusiones filosóficas sobre la posmodernidad y la crisis de confianza en los paradigmas que habían forjado la cultura occidental, mezcla de cristianismo, positivismo y democracia.”