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En el marco de la conmemoración del Día del Libro y del Derecho de Autor, que se celebra cada 23 de abril, la Comisión Asesora de Bibliotecas (CABID) del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades Chilenas continúa su campaña de recomendaciones literarias, una iniciativa que durante todo abril reunirá sugerencias de lectura provenientes de las universidades que integran esta red.

La segunda recomendación corresponde a la Universidad de Magallanes, y nos invita a reencontrarnos con una de las grandes obras de la literatura contemporánea: Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. La obra es recomendada por Pavel Oyarzún Díaz, escritor, docente y usuario de la biblioteca de la Universidad de Magallanes.

En su comentario, Pavel Oyarzún destaca la profundidad literaria de esta novela histórica, subrayando la fuerza de su narración en primera persona y la notable capacidad de la autora para dotar al emperador Adriano de una voz plenamente convincente, íntima y verosímil. Asimismo, releva el valor de una obra que, pese al paso del tiempo y a las traducciones, sigue conmoviendo a lectores y lectoras de distintas lenguas y generaciones.

Con esta nueva entrega, CABID reafirma su invitación a celebrar abril como un mes para leer, compartir y descubrir nuevas obras, poniendo en circulación miradas, sensibilidades y experiencias lectoras desde las bibliotecas universitarias del país.

Recomendación completa

Memorias de Adriano – Marguerite Yourcenar

“En primer lugar, pienso que para un buen lector o lectora tener un libro favorito, entre sus lecturas, resulta francamente imposible. O casi imposible. Un buen lector; quiero decir, un lector/lectora competente, aguerrido y constante, de seguro tiene muchas obras entre sus predilectas. Sin embargo, como se me ha pedido nombrar una sola, menciono ahora, de urgencia, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.

La obra de Yourcenar, publicada en 1951, y que le llevó a la autora francesa más de una década de elaboración y encomio, escrita en una primera persona, arriesgada y compleja, sobre todo pensando en que el personaje que nos habla, en este caso el emperador Adriano –vivió y reinó hace dos mil años, posee tal grado de persuasión que en todo momento resulta de una verosimilitud inobjetable. Sin fisuras. En cada párrafo, en cada línea, al lector/lectora le asiste la certeza de estar leyendo un testimonio auténtico, de primera mano, que ha viajado hasta el presente, nada menos que veinte siglos. De hecho, para muchos interesados en la historia de la Edad Antigua, la figura de este monarca – siglo II d.C -, está ligada indisolublemente al Adriano de Yourcenar. En otras palabras, el Adriano novelesco puede sobreponerse, sin vacilaciones, al Adriano histórico, a partir del cual, desde luego, ha sido construido. Este mérito, más allá de otras virtudes de la obra, que son muchas, resulta, tal vez, el mayor elogio que pueda recibir una novela histórica.

El tono narrativo, a veces íntimo, confesional, otras veces descriptivo, detallista, o, por pasajes, reflexivo, profundo y poético, más la estructura de la novela, de carácter epistolar, más la elección de episodios y ambientes relatados, hacen posible que esta obra supere, con creces, la traición de las traducciones, y conmover a un lector en cualquier otra lengua.”